Vampiros y canibalismo

Vampiros y canibalismo

El vampirismo  y el canibalismo está relacionado con la transformación psicológica, o la metamorfosis del hombre en animal. Los vampiros son bien conocidos en las civilizaciones antiguas: perduran historias sobre ellos en Oceanía, China, Japón, África, las Antillas, Europa y Sudamérica (en los Andes). Pero el vampiro más célebre es, sin duda, Drácula.

Según los historiadores este hombre existió. Nacido en Transilvania y educado en Turquía, Drácula (el nombre significa «hijo del dragón» o «hijo del diablo») regresó a su país para ser príncipe de Valaquia. Era conocido sobre todo por su crueldad: torturó y asesinó a más de cuarenta mil personas inocentes.

En 1476 los turcos pusieron fin a su vida sanguinaria decapitándole. Desde entonces, su nombre es sinónimo de vampirismo y su reputación se ha extendido por toda Europa y el resto del mundo.

En Haití supe que existen sectas de vampiros; sus presas siguen siendo los seres humanos. Aunque se cree que algunas mujeres nacen vampiras —una madre sanguinaria puede transmitir esa condición a su hija—, cualquier persona puede llegar a ser vampiro uniéndose a una de las muchas sectas secretas que practican el vampirismo, similares a las que practican la transformación en hombres lobo y en otros animales, y la comunicación con Satán. De acuerdo con los resultados de mis investigaciones, la mayoría de estas sectas secretas de Haití —y de cualquier otro país— dan caza y apresan seres humanos. Pero no todas ellas hacen lo mismo con las víctimas. Unas se limitan a extraer el alma o la fuerza vital; otras utilizan la sangre de las víctimas en el transcurso de sus rituales. Algunas matan a las víctimas para beber su sangre; otras las ofrecen en sacrificio. Y hay sectas que practican el canibalismo ritual, llamando a las víctimas por el nombre de cerdo o de cabra.

Estas sectas criminales, que en Haití son escasas, nada tienen que ver con el vudú tradicional, y deben verse como fenómenos aislados.

Los principios del vampirismo, como los de las sectas secretas dedicadas a la transformación del hombre en bestia, son aquellos que se relacionan con la magia resultante de los rituales con sacrificio humano y canibalismo. Marcel Mauss, antropólogo francés, escribió en su libro Sociología y antropología:

Por lo que sabemos, el tema del sacrificio y, especialmente, del sacrificio de niños, es común en la práctica de la antigua magia y en la magia de la Edad Media; es posible encontrar ejemplos de ello en casi todas partes; sin embargo, llegan hasta nosotros como mito, no como práctica mágica.

El sacrificio como parte de un rito de pasaje o de fertilidad, o como ofrenda para los difuntos o las divinidades, ha sido practicado por todas las culturas en un momento u otro de su historia, y en algunos lugares, aún se practica. En las selvas asiáticas, el cazador de cabezas tiene que decapitar a la víctima para demostrar su valor y para que su hombría sea plenamente aceptada. En muchos países africanos, el cadáver del jefe de la tribu debe ser enterrado encima de cabezas de niños; cuantas más cabezas, más energía absorberá el alma del difunto para existir en el más allá.

Sabidurías de lo Invisible Vudú, Magia y Brujería. Vampiros y canibalismo
Sabidurías de lo Invisible Vudú, Magia y Brujería

El Antiguo Testamento ya daba fe de la proliferación del sacrificio humano. También queda claro que, además del sacrificio humano, el canibalismo ritual se practicaba entonces en aquella parte del mundo.

Allí donde se practicaba o practica el canibalismo, se ha llamado a la carne humana por el nombre usado para designar la carne de cerdo, porque parece, huele y sabe como la carne de cerdo. En una gran ciudad moderna del África central, llevé a cabo el siguiente experimento. Fui a un mercado al aire libre que los nativos frecuentan y pedí carne de cerdo. El vendedor dijo que no había existencias. Posteriormente envié a un nativo a comprar carne de cerdo y volvió con un trozo, carísimo, envuelto en papel de periódico. Un amigo médico realizó un análisis de la carne, que resultó ser humana.

Desde el canibalismo alimentario hasta el canibalismo sagrado, la antropofagia se ha desarrollado y extendido por todo el mundo. Al igual que el sacrificio humano, todas las culturas han venido practicándolo, y en algunas zonas todavía se practica.

Una de las principales razones por las que la gente comía carne humana, razones que están vigentes hoy en día, es la creencia de que su consumo incrementa los poderes mentales y físicos de la persona: uno asimila las cualidades y virtudes de la víctima al ingerir su carne, y se apropia de la juventud si la víctima es un niño.

Los antiguos griegos proclamaban que la sangre era portadora de cualidades, virtudes y recuerdos. Por tanto, comer carne de animal junto con su sangre suponía apropiarse de sus cualidades, virtudes y recuerdos de bestia. De ahí que las gentes empezaran a consumir sólo la carne de aquellos animales que habían sido muertos, sangrados y bendecidos por sus jefes religiosos.

Sin embargo, en la India, los hindúes se percataron de que se hiciera lo que se hiciera la carne seguía conteniendo sangre, y entonces declararon prohibido el consumo de carne. Estoy completamente de acuerdo con los antropólogos Cari Vogt y Girard de Raille en que las naciones más primitivas no son sistemáticamente caníbales y en que el canibalismo también  está presente en las naciones modernas. Y tal como escribió Hermán Melville en Taipi: «Tan reprobable como es esta costumbre [canibalismo], afirmo no obstante que quienes la conservan son […] íntegros y humanos.»

He conocido hechiceros africanos que podían ver durante la noche con tanta claridad como durante el día. Decían que era uno de sus poderes. Sin embargo, después de indagar este poder supuestamente sobrenatural, descubrí que se trata de una facultad que guardan en secreto, pasándola de iniciado en iniciado.

La técnica es simple. Ellos la descubrieron observando a los gatos, que son capaces de ver perfectamente por la noche. El gato nace con los ojos cerrados y continúa así hasta que el sistema ocular del animal se ha desarrollado por completo. Cuando una mujer de la tribu está a punto de dar a luz, la llevan a un sitio oscuro; en la isla de Pascua hay profundas cuevas naturales para tal propósito. Cuando nace el niño, no permiten que la luz entre en contacto con él hasta que el ojo y el sistema ocular están completamente formados y han adquirido fuerza y resistencia a la luz; esto lleva unas cuantas semanas, después dejan que entre la luz. El resultado es que el niño ve en la oscuridad tan claramente como a la luz del día. Tal cosa explicaría cómo han podido pintarse el interior de las pirámides y de otros recintos sagrados, donde no hay huellas ni de humo ni de hollín que demuestren la utilización de algún tipo de iluminación.

Aunque algunos fenómenos tienen explicación racional, hay otros que continúan siendo un misterio, como los hacedores de lluvia del Sahel, una amplia y abrupta extensión de sabana que bordea la paite sur del Sahara y se prolonga por el sur hasta los trópicos. He vivido con estas gentes y conozco cuáles son sus poderes para atraer la lluvia.

En las pequeñas islas del océano índico, en África, en Sri Lanka y en otros países asiáticos, he observado a mis anchas a personas que son capaces de caminar por el fuego y tumbarse sobre brasas encendidas sin sufrir quemaduras y sin que el fuego prendiera en sus ropas; estoy convencido de que no hay truco.

En otros lugares he visto hombres comer cristales cortantes sin resultar heridos. Ciertas historias que contaban sobre un hechicero que podía sumergir las manos en aceite hirviendo sin sufrir quemaduras, me llevaron a un pequeño pueblo del Zaire. Cuando conocí al hechicero en cuestión, se avino a realizar ante raí, y bajo mi total supervisión, semejante proeza.

Cuando el aceite de palmera arrancaba a hervir dentro de una gran olla de hierro puesta sobre la hoguera, pedí al hechicero que me dejara inspeccionar sus manos. Mojé mi dedo y lo pasé por las dos manos del hombre; luego lamí el dedo para comprobar si su sabor delataba alguna sustancia extraña con la que el hechicero pudiera protegerse las manos, tal vez algún ungüento. Pero no encontré nada. Pese a ello, le pedí que se lavara las manos delante de mí, con el jabón que yo llevaba en la mochila.

Después de hacerlo, se sentó frente a la olla de aceite hirviendo y dijo:

—Siéntese a mi lado. Luego pidió algo de dinero. Pensando que una vez más había sido víctima de engaño, saqué del bolsillo un billete de escaso valor. Pareció sorprendido y dijo:

—El billete se quemará en el aceite. ¡Déme algunas monedas! Yo mismo arrojé dos monedas al aceite hirviendo. El hechicero comenzó a susurrar algunos cantos y pronto rompió a sudar bajo la influencia del trance. Súbitamente hundió su mano derecha en el aceite hasta la muñeca, moviéndola para buscar las monedas. Cuando ya había pasado tiempo más que suficiente como para sufrir quemaduras de tercer grado, sacó la mano:  entre los dedos llevaba las dos monedas. Sonriente alargó su mano hacia mí. Atónito, abrí la palma de mi mano sin pensar, y él dejó caer una moneda. Grité de dolor. Era insoportable. El hechicero reía. Aún llevo la cicatriz de la quemadura.

Ciertamente he presenciado innumerables fenómenos que no tienen explicación científica. Y no obstante, existen; son rea-les. Quizá las personas involucradas en estos fenómenos tengan una visión del mundo distinta; lo que para nosotros es imposible, para ellos es realidad. El respetado etnólogo Alfred Métraux observaba: «Desde temprana edad, los haitianos oyen hablar de hombres lobo, de gente que lanza conjuros, de espíritus maléficos […]. Sin aceptar del todo [estas asombrosas historias], uno se pregunta si tras esas artes mágicas no hay antiguos secretos africanos que ponen a los houngans en posición de […] desafiar nuestra miserable ciencia.»

Nosotros, las gentes del mundo moderno, no estamos preparados para valemos del fenómeno del trance —inducido por los cantos, las danzas, la meditación y la oración, o por el alcohol y las drogas—, fenómeno que nos capacitaría para alcanzar un estado alterado que erradica la racionalidad y deja aisladas las creencias de cariz negativo que nos impiden utilizar los poderes de la mente. Los pueblos de tradición son más propensos a creer que todo lo pueden, ya que han sido criados en el seno de una cultura que no ha contaminado su razonamiento con nuestro tipo de lógica y de racionalismo. Es nuestro razonamiento basado en la lógica científica: «entender primero y creer después» en oposición a su entendimiento basado en la fe: «creer primero y entender después». Es el poder de la creencia que provoca milagros en contraposición a los milagros que produce la ciencia. Nuestra inteligencia permite que construyamos naves espaciales para llegar a los cielos; su inteligencia es como una meditación progresiva que propicia encuentros con lo divino, una profunda conciencia de estar en conexión con las fuerzas eternas del universo.

Con este ultimo articulo del libro: Sabidurías de lo Invisible: Chamanismo, Hechicería y Vudú, de Douchan Gersi (1947–2015). Nos despedimos hasta el próximo año 2017, cuando daremos a conocer a los tres ganadores, del sorteo de este mes.

Saludos y Felices Fiestas!!!

Comentarios

  1. Raquel Zambrano 21/04/2017 at 15:56

    …”Es el poder de la creencia que provoca milagros en contraposición a los milagros que produce la ciencia. Nuestra inteligencia permite que construyamos naves espaciales para llegar a los cielos; su inteligencia es como una meditación progresiva que propicia encuentros con lo divino, una profunda conciencia de estar en conexión con las fuerzas eternas del universo…” Maravillosa reflexión, a la que todos deberían atender de lo más profundo de su existencia, razón por la cual nuestras investigaciones relativas al universo del mundo espiritual son generadas con gran pasión.
    Excelente material, agradecida de su aporte constante…

  2. Tata Eris 01/01/2017 at 17:45

    de verdad que cada ves que leemos un articulo de este libro uno queda impresionado … vivimos en un mundo mágico

  3. Amanda Castro 30/12/2016 at 17:40

    Gracias ralph , información importante, conocí a un africano como ud dice que podía ver en la oscuridad, esa experiencia la viví junto a otras personas, pq estabamos en una montaña sagrada y nos agarro la oscuridad mientras nos alumbramos con los celulares el iba adelante descalzo y con un niño en los hombros como si nada, le dijimos como puedes ver si todo está tan oscuro, nos dijo veo todo claro como el dia, no necesito linternas para ver, yo sigo adelante abriendo caminos y tengan cuidado no vaya a ser que consigan con una serpiente o se caigan por algún resbaladero y se reía, dos personas tropezamos y casi nos caemos y el se regresó corriendo a ver que había sucedido y luego vio que estabamos bien y siguio como si nada, hasta llegar a lugar seguro y claro y todos llegamos cansados y el más fresco que una lechuga , experiencias increíbles, igual que tenga un feliz año nuevo , junto a su familia lleno de bendiciones y nuevas experiencias.

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