El trance mediúmnico o posesión mística

El trance mediúmnico o posesión mística

El ngangulero realizó en el suelo una “firma” de Lucero Mundo con la ayuda de un palo, le roció aguardiente y humo de tabaco, y susurró un conjuro o una plegaria. Luego, se estremeció varias veces, se echó a reír nerviosamente, y finalmente fue “poseído” por Lucero, diciendo:

“Soy el guardián de los caminos, yo mismo llevo a los criollos tó camino bueno”.

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Yo mismo son fuego, yo mismo Siete Rayo

Yo mismo son fuego, yo mismo Siete Rayo

En los conjuros, la hechicería de la transformación nunca acaba. La palabra engendra imagen tras imagen, las transforma, y también transforma al propio ngangulero. A través del poder de la palabra, el ngangulero puede transformarse a su antojo. En un ritual de hechicería presenciado en el “nsó nganga” de Bernardino Rojas, este ngangulero informante realizó el siguiente conjuro:

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La palabra crea, ordena, conjura y transforma

La palabra crea, ordena, conjura y transforma

Todo cuanto el ngangulero nombra, considera que está “al alcance de la mano”, lo conmina, y lo pone a su servicio. El ngangulero se encuentra en relación fraternal con todas las fuerzas que genera; ya que, todas las fuerzas de la “Nfinda” están emparentadas unas con otras y son manifestaciones de una fuerza cósmica que es la que constituye la misma “Nfinda” o universo.

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Al espíritu hay que tratarle muy duro para que sea obediente

Al espíritu hay que tratarle muy duro para que sea obediente

En otro ritual de hechicería que tuvo lugar en el “nsó nganga” de O’Farrill, éste invocó al “perro-nganga” de su “nganga”. El espíritu “poseyó” inmediatamente al “criado-prenda” y O’Farrill le dijo:

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