No hay que tener miedo al sincretismo.

A mi modo de ver el sincretismo no es una simple yuxtaposición de panteones de dioses, cuando confluyen dos o más credos en diferentes contextos espaciales y temporales. Por lo tanto, el sincretismo de los sistemas de creencias de sustrato africano es forma y sustancia de otra representatividad de lo divino en el nuevo espacio (y tiempo) cultural de Cuba y el Caribe.

Más que suma de elementos cultuales y simbólicos producto de la presencia del  superestrato cristiano en las religiones africanas y del contacto de estas entre sí, el sincretismo expresa integración de diferentes arquetipos o estructuras funcionales vinculados a las transformaciones e intercambios que se dan en los tres niveles en que se desenvuelven los sistemas de creencias:

  • El nivel simbólico;
  • El nivel ritual;
  • El nivel mitológico.

No hay que tener miedo al sincretismo.Estos tres niveles se ven afectados por procesos que operan (ya sea por diacronía o sincronía) como formaciones aculturales (de adaptación o de acomodo de remanentes), neoculturales (creación de nuevos arquetipos culturales), deculturales (pérdida de factores de la oriundez) e inculturales (incorporación de elementos de nuevos referentes o de referentes extraños).

Estas afectaciones se dieron y se dan aun hoy en día también en África: presencia del islamismo, o del cristianismo y de la modernidad y sus nuevas tecnologías en Yorubaland, en el País de los Fon, en el Calabar, entre los bantúes, etcétera. El islamismo en la zona noroccidental del continente tuvo sus contactos con etnias yorubas y fon. Los portugueses catequizaron a muchos bakongo antes de que entrara en vigor la trata de esclavo desde el África centro-meridional.

En Cuba el kimbisa no puede prescindir del crucifijo en su fundamento, ni de la presencia de la imagen de San Luis Beltrán, su santo patrón, ni de muchos rezos y plegarias de la catequesis cristiana. Aunque algunos pocos santeros lo consideran innecesario, la mayoría reclama que es imprescindible el agua bendita en el omiero o agua lustrar de su culto; algunas iyalochas me han confesado que ellas no inician a ahijados judíos. Es decir, sin el bautismo (cristiano) previo, ellas no hacen santo.

 

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