A cada “mpungu” se le dedica uno o varios ritmos

En múltiples ocasiones ha podido observarse el hecho de que en los rituales religiosos, a cada “mpungu” se le dedica uno o varios ritmos, y que las excitaciones del canto y del baile producen frecuentemente “posesiones” de los espíritus entre los asistentes.

Hablemos del Mayombe
Hablemos del Mayombe

Cuando los nganguleros advierten que hay alguien que está bailando y sus movimientos miméticos son muy enérgicos, hace muecas desusadas, respira con fuerza, o se le ponen los ojos saltones, todos ellos se prestan a facilitar la “subida” o “posesión” del espíritu, intensificando la acción sugestiva, y para ello, acentúan y apresuran el ritmo de los rezos y de la música de los tambores. Se dice entonces que los nganguleros “cantan duro” y que los tambores “tocan bravo”. Todos los nganguleros rodean además a dicha persona, alzan sus voces y las unen con más constancia, y así una y otra vez con más ímpetu, hasta que se produce la “posesión” mística o éxtasis de dicho individuo.

Por otra parte, los elementos de petición y de alabanza, o mejor dicho de adulación, que no es sino “alabar con un fin deseado”, se combinan frecuentemente tanto en los conjuros como en las plegarias. Se pide y se halaga ante el ente sobrehumano de quien se busca algo, con el propósito inequívoco de propiciar su voluntad y obtener su favor.

Tanto en los mambos congos como en los diálogos rituales que mantienen los nganguleros con los espíritus, son muy frecuentes los epítetos exaltadores o glorificadores de los espíritus a quienes se dirigen.

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