Kutuguango

Kutuguango recogido por Lydia Cabrera.

A continuación expone un tercer kutuguango que fue recogido por Lydia Cabrera (1975 a:159-162) de uno de sus informantes. Posteriormente, este kutuguango fue incluido por Samuel Feijóo en su estudio sobre el negro cubano en la literatura folklórica de Cuba (1980:164-168) poniéndole por título: “Las dos hermanas”. Dado su interés, se ha expuesto en su totalidad y literalmente, tal como se hizo con los dos “kutuguango” ofrecidos por O’Farrill:

“Un viejo nfumu nganga (trad. hechicero), al asegurarme que todo el que se acoge a la ceiba pidiéndole auxilio obtiene la protección de la Virgen María, ilustra su afirmación con esta historia: “Ngana Santa María, Ceiba, Fortuna Ngongo, tiene misericordia. Lo que le voy a contar, milagro de ceiba, fue así”.

Una mujer parió una hija sarnosa. Le dio tanto asco que dijo: ¡No quiero hija con tanta ñáñara! (trad. granos) y la abandonó en un basurero al pie de una guásima (Guazuma Guazuma, Lin.). Ud. sabe, la guásima es árbol que no tiene responsabilidad. La justicia no indaga[1].

Vino un nsusu (trad. pájaro), la vio y dijo: ¡pero si es una criaturita de Dios, y está viva!. Yo me la iba a comer, pero… también soy madre. La envolvió en un algodón y la depositó en la raíz de una ceiba. Al día siguiente la vio un tié tié (trad. tomeguín)[2]. La recogió y la subió a la ceiba, y allí le dijo: Con su permiso, ayúdeme, la voy a llevar al cielo. La ceiba le dio fuerzas, y con la niña bien envuelta en el algodón, llegó al cielo cantando:

 

Yén yén yéguere mayém

Kiva mío.

¡Prúu!.

Kwá mío kwámío.

Y tocó a la puerta y la misma Virgen le abrió.

– ¿Quién es?

– Yo, tié tié (trad. tomeguín).

Dijo la Virgen:

– ¡Alabado sea! Tan lejos como estamos y hasta aquí nos -persiguen ustedes…

– No, señora Mamita. Mira lo que traigo.

– ¿Pero quién parió ese muchacho? ¡Dámelo acá! Pobrecito.

Le dió un baño de yerbas y le quitó del cuerpo el granerío.

– Bueno, bueno, Tomeguín.

La Virgen escribió una carta.

– Dale esta carta al Gavilán (el rey de los pájaros)[3]. Ahí le digo que al tié tié ningún otro pájaro lo agarre en el monte. Y que él dé un bando ordenando que todos te ayuden y favorezcan.

Sí, el Tomeguín tiene muchas ʺvirtudes”. Lo veremos igual que al Zunzún (Orthorhynchus Ricordi, especie de colibrí) como un elemento de gran valor en la preparación de muchos filtros, polvos y amuletos. Por eso cuando él hace su nido, los demás pájaros le ayudan.

Arriba la niña recogida creciendo con la Virgen María, sana y bonita, y abajo, la mujer que la había echado a la basura por sarnosa, parió otra hija que nació sin bubas.

Un día que la mujer la mandó al campo a pilar arroz, pues desde tierna la obligó a trabajar y la maltrataba, la hermana que estaba en el cielo la ve pilando, descascarando y aventando el arroz, recogiéndolo y guardándolo en una vasija.

Y la que estaba en el cielo, con permiso de la Virgen, bajó por una cadena, con un pilón de oro, una mano de oro y un aventador. Y le dijo a su hermana:

– Descansa; acuestate en el pajón, que yo trabajaré por ti.

Y le dijo quien era y donde vivía. Le contó cómo su madre la habla echado a morir en el basurero, como una basura más.

– ¡Ay!, ¡yo quisiera también ser hija de la Virgen! ¿Es muy bonita?

– ¡Tás jugando!, ¿si es bonita? ¡Lo más lindo que hay! Y bien vestida…¡Echa un lujo! Pero… ¿cuánto arroz te mandó apilar mamá?

– Doce mancuernas.

– Descansa.

Y la hermana a dar pilón:

Amo góró baragá Amo góró baragá Abóngo fánga fánga fánga.

Cuando terminó, prontísimo, dijo a la otra asombrada:

– ¿y cómo podré ahora cargar tanto arroz?

Kutuguango
Ralph Alpizar y Joaquín Bayaka

La hermana se lo llevó hasta la casa, porque el arrozal, el conuco[4] estaba a distancia de la casa.

La madre cada vez fue cargando más de trabajo a su hija, que rendía por cuatro. Era una mujer de malos sentimientos.

Prosperaba, y como no trabajaba, que el arroz se le daba abundante y su hija se lo hacía todo, empezó a dar fiesta; y la chiquita metiendo el hombro para que su madre fiestease. Pero la hermana le decía: Juega, que yo termino pronto. Y en un momento despachaba la labor.

Ahora la madre prepara un banquetazo para todos los amigos y los parientes y había que pilar mucho, pero que mucho arroz. Llevó a su hija al conuco, la dejó allí y apenas volvió la espalda, bajó su hermana. Se besaron… (Por eso, desde entonces en el mundo las mujeres se besan) y ese día, trajo chocolate del cielo y bizcochuelo y una botella de vino dulce, que su hermana nunca había probado en la tierra.

Tanto arroz llegó una hora después a la casa que la mujer tuvo sospechas de algo raro.

– ¿Tú sola, pero tú sola pilaste todo eso? ¿Nadie te ayudó?

– Yo sola. ¿Quién me va a ayudar?

Y la mujer le dijo en secreto a su marido:

– Ella sola no puede haber hecho eso. Por mucho que coman los invitados, sobrará arroz. Ve al pueblo a vender la mitad.

Y a la hija le dijo: Mañana apílame otro tanto.

La hija obedeció y fue temprano al conuco. Los padres se habían levantado antes que ella y se escondieron para observarla.

La muchachita miró al cielo y llamó a su hermana.

– ¡Ngó! vamo a vé…

Y la hermana enseguida bajó por la cadena.

Los padres vieron a la señorita que bajaba del cielo por una cadena, que abrazaba y besaba a su hija y luego le decía:

– No hay prisa. Siéntate que te voy a peinar. La peinó, la vistió con un vestido azul celeste que le traía, y luego los padres oyeron lo que hablaba. Sí, porque la del cielo hablaba alto con toda idea, para que la oyesen:

– Mi madre me tiró al basurero. Nuestra madre es malvada. Mayimbe (trad. aura tiñosa; Cathartes Aura) me retiró de la basura y me llevó al estribo de Mamá Ungunda (trad. madre ceiba), el tié tié (trad. tomeguín) me llevó al cielo, y en el cielo estoy con mi Madrina la Virgen Santísima. Ella me dio el pilón y la mano de oro.

El padre no sabía lo que aquella mujer había hecho con su primera hija. El hombre no era tan malo. Aquello le dolió.

… A la madre, oyendo escondida, como era avariciosa, le entraron ganas de robarse el pilón y la mano de oro.

– Hoy no trabajamos. Magdalena y la Caridad del Cobre tienen visitas y voy a apilar en el cielo para los santos.

Y se puso a bailar y a hacer como si pilara.

Yen yen Ngó Mandarín fañara Ko maranguen Ke abororin.

– ¡Y ahora, que se me escapa para el cielo se me lleva el pilón y la mano de oro!, pensó la mujer. Y con la rabia que le dio esta idea salió arrebatada para coger la mano y el pilón y a las hijas también; pero la hermana mayor, agarrando a la chiquita, se colgó de la cadena. Y las dos subieron sin olvidarse del pilón y de la mano y se perdieron de vista entre una nube.

El marido mató a la mujer como un perro, y las muchachas, hasta ahora, en grande con la Virgen María, que en congo se llama Kéngue[5].

Ni el dinero se queda callado en ningún bolsillo ni se queda sin castigo el daño que se hizo en esta vida”.

[1] “Ñáñara” como narra este kutuguango es en realidad cualquier enfermedad de la piel; por ejemplo: la lepra, la soriasis, una llaga purulenta, o simplemente, granos. Aquí, en este caso, son los granos o bubas producidos por la sarna.

[2]  El “nsusu-tié tié” es el tomeguín (Passerina Olivácea, o Linaria Olivácea, Andrés Poey), que es un pájaro muy común en Cuba.

[3]  Este paréntesis en el kutuguango es de Lydia Cabrera.

[4] Un conuco es una parcela de terreno que el hacendado asignaba a cada uno de sus esclavos para que la trabajase y atendiese en los días festivos, gozando de sus productos como usuario condicional o especial. Ver: Esteban Pichardo (1976:180).

[5] En este kutuguango se observan sincretismos religiosos, ya que aparecen la Virgen María, la Magdalena y la Virgen de la Caridad del Cobre. Cuando el informante dice que la Virgen en congo se dice “Kéngue”, se está refiriendo a Mama-Kéngue, que en el sincretismo religioso corresponde a la Virgen de las Mercedes.

Comentarios

  1. Raquel Zambrano 13/01/2017 at 13:41

    Realmente, Lidya Cabrera es una investigadora de gran trayectoria y relevancia para cada uno de los participantes, creyentes, sacerdotes e investigadores del mundo religioso (afrocubano). Las lecturas de cada uno de sus trabajos de investigación nos cautiva en seguir creciendo en el conocimiento de nuestra ancestralidad, de nuestros orígenes religiosos, tras esa búsqueda de la verdadera esencia.

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