Esta Historia de la Brujería narra la relación de aprendizaje entre el mítico brujo cubano Tata, y su aprendiz, que es también la voz que justifica la obra. A medida que el lector se adentra en la narración, se van descubriendo los diferentes recursos de Tata y las maneras de explicar su religión, un último legado para el aprendiz al que denomina Mundele una vez tras otra, sin recurrir jamás a su nombre auténtico. El Palo Monte Mayombe, como se denomina esta religión de origen congo, se convierte en el último legado, toda una filosofía de vida para afrontar los problemas a los que el joven se debe ir asomando en su paso a la edad adulta.

Tata es un viejo guajiro que vive en el Occidente cubano. A sus setenta y cuatro años ya se encuentra retirado de la cotidianidad de la vida, preparándose para pasar. Decide entonces acoger a un aprendiz que conoce desde niño para ayudarle en las tareas duras del campo que ya no puede realizar. A cambio le va enseñando toda una serie de secretos que le ayuden a darle sentido a su vida y respondan a interrogantes existenciales que tiene como adolecente con la finalidad última que se convierta en brujo. A través de sus explicaciones, cargadas de humor y espontaneidad, el lector irá entendiendo la diferencia entre el Mundo de Afuera (el Seke), un mundo de apariencias en el que nos damos cuenta que vivimos, y el Mundo de Adentro, el mundo de los sueños en los que se libran las auténticas batallas de la brujería, repleto de sensaciones y vida etérea y caótica que solo se puede llegar a vivir en plenitud después de muchos y variados ejercicios.

Mediante este proceso de aprendizaje, asistiremos al crecimiento de las personalidades de los dos únicos protagonistas, donde se ponen en juego los conceptos tradicionales de la brujería, pero también los grandes temas de la vida: la amistad, el trabajo, la honestidad, la muerte…

La reconstrucción de las conversaciones que tuvieron lugar durante los años 1986 y 1987 son el hilo conductor de la obra que culmina con la entrega de un poder que, en un último acto de generosidad, Tata hace a su aprendiz días antes de fallecer en 1989.