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Houmfort y la ceremonia vudú

Las grandes ceremonias vudú tienen lugar en el houmfort; allí se celebran con arreglo al calendario religioso del lugar, y con tanta frecuencia como la comunidad las necesita. El houmfort se compone de un peristilo —un recinto de grandes dimensiones donde se celebran las ceremonias— y de numerosas habitaciones pequeñas o santuarios, con capillas dedicadas a los loas que la comunidad venera. Dependiendo de su importancia y de la riqueza de la comunidad, el houmfort puede ser tan sólo un espacio abierto con techumbre de hojas de palmera, rodeado de pequeñas cabanas hechas de barro seco; también puede ser un grupo de casas pequeñas que albergan los santuarios, construidas en torno a una estructura más grande. El houmfort suele ser reconocible por dibujos e inscripciones mágicas y por pinturas místicas llenas de color, o por representaciones piadosas de los santos católicos, que adornan sus paredes interiores y exteriores. Las pinturas recuerdan a Chagall, Miró y Mondrian. Para el iniciado que puede descifrarlo, el arte vudú revela los loas que la comunidad venera, e indica qué tipo de magia y de rituales se llevan a cabo. El arte también describe los poderes del houngan, las fuerzas mágicas que domina y los mundos ocultos en que es capaz de entrar. Siempre hay una gran cruz de madera erigida en las proximidades de la entrada principal del houmfort. No es una cruz cristiana; más bien simboliza el árbol de la vida, la intersección entre el mundo visible o físico, y el mundo invisible o espiritual. El travesano horizontal marca la separación entre el mundo visible de abajo y el mundo invisible de arriba; el poste vertical es el eje mágico, el pasaje místico que une los dos mundos. En cierto sentido, la cruz es el punto de convergencia de todas las energías. Sabemos que este símbolo existía mucho antes del surgimiento de la cristiandad, que de hecho asimiló la cruz igual que otros principios sagrados de religiones más antiguas. Pero el vudú ha conservado los valores originales y místicos de la cruz.

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brujería Amuletos malignos y muñecas mágicas

La personalidad del sacerdote vudú

El jefe espiritual o sacerdote del vudú se llama houngan si es varón, y mambo si es mujer. Cabe traducir la palabra houngan por sacerdote vudú, pero la traducción más acertada es «sanador de la mente y el cuerpo». Se considera que la mente es lo que  anima el cuerpo; si la mente sufre un desequilibrio, el cuerpo estará descompensado y por tanto enfermo. La principal misión del sacerdote vudú es mantener equilibradas las energías que fluyen entre el cuerpo, la mente, el alma y los loas del iniciado, para crear una armonía entre lo físico y lo cósmico, entre el individuo y lo sagrado, o bien para restablecer el equilibrio cuando éste ha sido perturbado. Para hacer esto, el houngan utiliza plantas y otros ingredientes naturales que repararán el daño causado al cuerpo de resultas de la enfermedad, es decir, del desequilibrio cósmico. Como el chamán, el houngan es un guardián del ritual, un iniciado en el conocimiento secreto y en los misterios. Es sanador, exorcista y adivino; sabe tratar con los invisibles y entrar en su mundo sobrenatural y por tanto es capaz de comunicar con las almas de los difuntos. Según cuál sea su grado de iniciación en el conocimiento secreto (o sea, la aptitud para entrar en el mundo invisible y utilizar la fuerza cósmica), el sacerdote vudú tiene capacidad para valerse de sus facultades psíquicas y para manejar los poderes sobrenaturales. El houngan está capacitado para utilizar la magia en sus obras, pero jamás utilizará la fuerza cósmica con propósitos maléficos, ni utilizará a los loas malignos. Su vida y sus facultades están dedicadas únicamente al bien, ya que su religión quiere alcanzar el mundo sacro. Sin embargo, hay houngans que, tentados por las comodidades materiales, traicionan sus principios. Cuando llega el caso, dejan de ser houngans con todos los principios y valores ligados a su función sacerdotal y pasan a ser bokors, dedicados a la hechicería y al empleo de los loas petro, los espíritus malignos y las almas de los difuntos a fin de ejercer el mal.

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