La tumba francesa y José LaFayette

La tumba francesa y José LaFayette

Hoy día subsisten tres tumbas francesas: la Pompadour o Santa Catalina de Pacéis, fundada en Guantánamo en 1905; la Bejuco, en Sagua de Tánamo, única sobreviviente en un medio rural en el país, con casi dos siglos de vida artística; y, la Sociedad Tumba francesa La Caridad de Oriente, fundada el 24 de febrero de 1862, entonces con el nombre de Sociedad La Fayette, en honor al general francés Marie-Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Motier, marqués de La Fayette, conocido popularmente en el Oriente cubano por Joseph Lafayette (José LaFayette), y que en 1905 toma su actual nombre. La Sociedad Tumba francesa La Caridad de Oriente ostenta el Premio Nacional de Cultura Comunitaria y fue declarada por el Fondo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) Patrimonio Intangible de la Humanidad. A la Sociedad La Fayette pertenecieron generales de las guerras de independencia como Antonio y José Maceo, Quintín Banderas y Guillermón Moneada En toda la zona de Yateras, del municipio El Salvador, provincia de Guantánamo, había sociedades de tumbas francesas.

La tumba francesa y José LaFayette
La tumba francesa y José LaFayette

Los esclavos haitianos asentados en las dotaciones cafetaleras de Guantánamo, Santiago de Cuba, San Luis, Sagua de Tánamo y otras regiones organizaron lo que hoy se conoce como tumba francesa.

Esta era una forma de asociación con el fin de fiestar durante el descanso del fin de semana. Al compás de los tambores principales: el premier, el second y el bula grandes; el cata tocado con palitos, así como de los chachas o maracas, los antiguos esclavos realizaban —después de la jornada de trabajo— un tipo de baile llamado “tumba”, en homenaje al dueño del cafetal en el día de su cumpleaños, o en ocasión de los días de celebración de San Juan y San Pedro.

Varias mujeres entonaban canciones en creóle, acompañadas del sonido de los tambores, en un coro que da pie a la salida al centro del salón o lugar de reunión de varias parejas de bailarines.

Las parejas vestían con trajes elegantes: las mujeres, con chales finos, collares, aretes, pañuelos de seda y batones de hilo y encajes. Ejecutaban pasillos al ritmo de los tambores en vez de los instrumentos de cuerda y de viento propios de los bailes europeos que imitaban (el minué, el rigodón y otros). Los bailadores exageraban los movimientos propios de esas danzas. Los movimientos son suaves, sin apenas levantar los pies del piso, haciendo gala de elegancia en todo el baile.

Los músicos repiquetean y realizan cierto contrapunteo con los bailarines, que son conducidos por una pareja principal denominada la “reina del salón”. Esta es la guía de los pasos del resto de los danzantes. La tumba francesa, además, se convirtió en una agrupación de ayuda mutua para los esclavos y sus descendientes. Fue perdiendo su exclusivo carácter monoétnico con la entrada de otros elementos de origen africano o descendientes de estos. Luego se extendió la formación de tales agrupaciones no solo en áreas rurales sino también en urbanas. Del seno de las tumbas francesas salieron combatientes que participaron en las luchas por la independencia de Cuba durante la época colonial, y también en la etapa republicana contra los desgobiernos que imperaban en el país.

La Tumba Mambi – Teaser from Alexandrine Boudreault-Fournier on Vimeo.

Comentarios

  1. Raquel Zambrano 23 Febrero at 20:39

    Interesante tema desarrollado, información valioso para los investigadores y estudiosos.

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