Kutuguango de la Ceiba

Kutuguango de la Ceiba.

O’Farrill relata otro kutuguango de la Ceiba que habla de una conga que huyó de su amo y que regresó a su tierra africana gracias a la intercesión de la ceiba:

“Fue en el ingenio San Ignacio, allá en Matanzas. Había una conga muy hermosa llamada Teresita, aunque su nombre congo era Oduká, de la tierra vrillumba. Era la hija de un jefe hechicero, un “nfumu” (trad. hechicero) llamado Tsento. Ya de niña se sabía que había nacido hechicera, pues jugaba con las serpientes y con los alacranes. Un día, mientras jugaba junto a un río, llegaron unos negreros y la metieron en un barco. Así la pobre niña fue separada de su padre y de su tierra y fue llevada a Cuba, siendo luego vendida en Matanzas al dueño del ingenio San Ignacio. El amo resultó ser un hombre muy bueno y la crió en su propia casa junto a sus hijas, la niña creció y se hizo una mujer muy hermosa, todo el mundo la quería, y se convirtió en cocinera y planchadora.

Kutuguango de la Ceiba
Ralph Alpizar y Joaquín Bayaka

El amo pensaba darle la carta de libertad, pero murió, y el hijo de este buen hombre, que era un tremendísimo sinvergüenza, se convirtió en el nuevo amo. Continuamente asediaba” a Oduká, la hija de Tsento, jefe vrillumba. Cansada de que la persiguiera su amo, un día hizo un hechizo con un sapo, invocó a Nkuyu-Nfinda (Lucero-Mundo), y logró escapar del ingenio San Ignacio sin ser vista por nadie. Luego, anduvo varios días por la manigua convertida en negra cimarrona. Su amo se enfureció y contrató a una partida de rancheadores[1], que inmediatamente partieron en su búsqueda con unos terribles perros.

Tras andar buscando y buscando, los rancheadores encontraron a Oduká escondida tras una ceiba. Oduká hizo frente a los primeros perros con un machete y según iban viviendo los partía en dos, machetazo va y machetazo viene; y cuando ya le estaban faltando las fuerzas, la brava Oduká decidió subir a la ceiba. Según iba subiendo, las espinas de madre ceiba le destrozaron el vestido y sus pies sangraban; pero a pesar del dolor y de la sangre que corría por el tronco de este árbol tan sagrado, seguía subiendo para lograr su libertad.

Una vez arriba, los perros supervivientes ladraban rabiosos incapaces de morderla; y los rancheadores discutían si subir a la ceiba para capturarla viva, o batirla a tiros y entregarla muerta al amo, el dueño del San Ignacio.

Pero, Oduká, la hija de Tsento, jefe vrillumba africano, invocó a la madre ceiba y le pidió protección:

“Sikirimato munu mboba, guandi Ungundu. Mundele kuenda kiako[2], mbari munu malala. Munu kuenda kakuisa nsulu Ntoto-Güini[3], ntantando mutamba Tsento”.( La traducción de esta plegaria que Ricardo 0’Farrill incluye en su narración, es la siguiente: “Escucha lo que te digo, madre ceiba. Los rancheadores desean mi muerte. Llévame volando al África, junto a mi padre el jefe Tsento”).

“Y así fue, mi hermano. La madre ceiba escuchó la plegaria de Oduká y un viento huracanado se formó sobre este árbol tan sagrado, misterioso y poderoso. Los rancheadores huyeron espantados cuando vieron tal prodigio, y sus perros, tan fieros y terribles, se escondieron con el rabo entre las patas y las orejas muy gachas. Oduká fue arrebatada por aquel viento y llevada a su tierra natal, la tierra de los congos vrillumba, que por cierto eran muy bravos.

Cuando el anciano Tsento, el gran “taita-nfumu” (trad. sacerdote hechicero) y “mutamba” (trad. jefe) vrillumba, vio a su querida hija, no daba crédito a sus ojos.

– “Pero… ¿y tú qué “carajo” haces aquí, hija mía?

– Pues ya lo ves, padre mío. Madre ceiba me trajo aquí a mi tierra y a su lado, para no tener que sufrir más injusticias y vejaciones, y para ser libre para siempre.

Y eso es todo de este  kutuguango de la Ceiba”.

Muchos kutuguango de la Ceiba cuentan historias muy parecidas, a según de que región de Cuba se recojan o quien sea la fuente de información, lo cual es un claro síntoma de la importancia que el afrocubano da a la Ceiba quien junto al Jagüey y a la Palma Real forman la trilogía de los arboles sagrados de la religiosidad afrocubana, sin despreciar a otros.

[1] Los rancheadores eran grupos armados dedicados a la captura de los negros cimarrones. Cuando un esclavo huía de la plantación, se contrataban sus servicios. Para ampliar información sobre los rancheadores, ver: Fernando Ortíz (1975:362-374).

[2] La traducción de “mundele kuenda kiako” que aparece en este kutuguango de la ceiba es “policía” trad.lit. los blancos que andan sigilosos o despacio); en este caso, no es la policía, sino los rancheadores.

[3] “Ntoto-Güini” (trád .lit. Guinea) es el África.

Comentarios

  1. Amanda Castro 12 Octubre at 22:36

    maravilloso, ella igual quita cualquier enfermedad, se lo piden con fe, son muchos sus secretos, y como te habla increible, he tenido esa vivencia, y debo hacer algo pronto ante ella.

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