Loas del vudú haitiano

Loas del vudú haitiano

Generalmente se acepta que la palabra vudú viene de voundoun, que en la lengua de Benín significa Dios. Otros estudiosos son más partidarios de fijar su origen en la palabra vodun, que en la lengua de la tribu fon significa Dios, fantasma o sobrenatural. Según el vudú sólo hay un Dios, que es el creador del universo. Creó el mundo visible y el invisible, a veces denominado mundo espiritual. Tras la creación se retiró, dando loas a los humanos, para que sirvieran de intermediarios entre los seres vivos y Dios; también les dio libertad para utilizar la energía cósmica, que puso a nuestra disposición. Esta fuerza no es benéfica ni maligna. Es para que la usemos como queramos: con buenos o malos fines. Por tanto, sus consecuencias pueden ser positivas o negativas.

El mundo invisible está alrededor de nosotros, entre nosotros, más allá del espejo cósmico. Este mundo es como un reflejo de nuestro mundo visible. Los habitantes tienen las mismas necesidades y pasiones que nosotros. Está poblado por las almas de los difuntos y por un número infinito de loas, que son los habitantes originales de este mundo. A veces llamados espíritus o ángeles, los loas son energías o entidades que han sido divinizadas. Se dividen en diferentes familias, grupos y subgrupos. Algunos tienen enormes poderes. Debido a que el vudú es una religión viva —el número de loas con los que los creyentes tratan, varían de una comunidad a otra—, es imposible hacer una clasificación completa de los loas.

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linaje religioso

Vudú y vuduismo

Algunas palabras ejercen un extraño poder sobre la imaginación humana. Vudú es una de ellas. La sola palabra evoca imágenes de magia negra, ceremonias bárbaras y sangrientas, muertes misteriosas. Es inevitable representarse muñecas con agujas clavadas, y zombis a la espera de recibir órdenes de sus amos.

¿Y por qué no? Todo cuanto sabemos sobre el vudú lo hemos visto en las películas de terror y en las sesiones de madrugada de la televisión, o lo hemos leído en la literatura barata. Si alguien entra en una iglesia católica durante la misa y oye la voz del sacerdote diciendo: «Tomad y comed, ésta es mi carne; tomad y bebed, ésta es mi sangre…», y no entiende esta fase del ritual ni su contexto, podría decir que ha asistido a una ceremonia caníbal. Pero el vudú es real y  existe hoy en día en Haití, de donde es originario. También se practica en Estados Unidos debido a la inmigración de haitianos.

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Nzazi “El Espíritu del Rayo”

Nzazi “El Espíritu del Rayo”

Dentro de los sistemas de creencia bantú los fenómenos atmosféricos como el rayo, nzazi o nsazi, el arcoíris, las nubes, la lluvia u otros están por lo general asociados a manifestación visible de energías invisibles que constituyen sus “divinidades” o nkisi. Estas deidades se desarrollan en cuatro ámbitos o dimensiones que pueden ser: simbi (cuando son de agua), kinda (cuando son de tierra), kita (cuando son de fuego,) o mbumba (cuando son de aire), según la clasificación del Dr. Albert Doutreloux (antropólogo francés que estudio con profusión la cultura Yombe en su obra: L’ombre des fétiches, Société et culture yombe). Sin embargo esta clasificación presenta variaciones con respecto a su definición y empleo en otros pueblos diferentes a los yombe, mismo que sean bakongo, por ejemplo: entre los vili de la región de Luango los simbi son seres espirituales de tierra y energéticos y no de agua como lo es entre sus vecinos yombe, mas sin embargo, la diferencia en los términos no difieren en su significado.

En sí mismo estos fenómenos son considerados “fuerzas numen” con personalidad y accionar propio que pueden ejecutar  castigos a los transgresores de los tabúes, intervenir de forma autónoma para transformar la vida de los seres humanos, animales, plantas, minerales etc., y su actividad no necesitan de la intervención del nganga nkisi (sacerdote). Más específicamente dentro de los yombe el rayo tiene una importancia mayor al ser identificado con su “deidad” suprema nzazi.

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tumba palos o paleros El Mundo de los Brujos

Vudú en Haití y Palo Monte en Cuba

Por la extraordinaria importancia que la emigración haitiana y las prácticas del vudú tuvieron en Cuba sobre todo en el acontecer religioso del siglo XIX y principios del siglo XX. He decidido dedicar este mes y el que sigue a publicar una serie de artículos que ilustren a los lectores en los aspectos más importantes a tener en cuenta sobre esta religión, para darnos cuenta de hasta qué punto sus similitudes rituales y características animístas influenciaron las prácticas del palo monte cubano en sus inicios como religión de ámbito masivo. El vudú lleva mas de dos siglos practicándose en Cuba y a calado muy profundamente en la sociedad cubana sobre todo en la parte Oriental de la isla.

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El Casino San Antonio de Santa Isabel de las Lajas

El Casino San Antonio de Santa Isabel de las Lajas

Gema Valdés Acosta

Santa Clara, CUBA

De las culturas africanas llegadas a América, las culturas bantúes son de una importancia vital para entender los procesos de conformación de la identidad cubana. De una riqueza y variedad extraordinarias, las manifestaciones americanas de este legado adquirieron diferentes formas de resistencia ante las complejas condiciones en que tuvieron que desarrollarse: costumbres culinarias, bailes e instrumentos musicales, cantos, rezos y  los términos lingüísticos que nominan estas y otras vivencias humanas han pervivido por siglos, manteniendo así la memoria viva de los que sufrieron un traslado geográfico de características únicas por su magnitud y sus crueles bases.

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“Tambor Malavianda”

zindunga yombe
Zindunga yombe

El término mambo se emplea popularmente para referirse a los típicos cantos que hacen los nganguleros en sus coloquialmente llamados “juegos de palo”; según referencia Teodoro Díaz Fabelo, en su obra “Diccionario de la Lengua Conga Residual en Cuba”, es: [… Canto, cantar, hablar, expresarse con voz. Los cantos de negros son comuni­tarios; la antífona o solista lo llaman gallo, como lo llamaban los congos de Cuba. Ga­llo y coro, o vasallos, se ayudan con tambo­res, metales, sonajeros y palos percutidos. El solista no está totalmente independiente, sino en relación comunal con el coro. Se canta por algo, con algo y para algo; se cul­tivan fines psicoemocionales, intelectuales, físicos, sociales y mágicos. Todo hacer tie­ne ritmo musical. La música y el canto tie­nen poderes, son fuerzas capaces de produ­cir efectos diversos…] Fin de la cita.

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